Jaime I y la Leyenda del Castillo de Monzón

Castillo de Monzón

El Castillo de Mozón es una fortaleza levantada por los musulmanes, cuyas partes más antiguas datan del siglo IX y ha sido declarado Monumento Histórico Artístico Nacional. Este castillo fue un importante centro de poder de los templarios. De hecho, su entrada se encontraba flaqueada por dos edificios medievales: la capilla y la torre de Jaime I.

Secuestro de Jaime I

La leyenda del Castillo de Monzón comienza con el ingreso como caballero templario de Guillem de Montredon en el año 1203. Este luchó junto al rey Pedro II de Aragón en la Batalla de Las Navas de Tolosa y en la batalla de Muret. En esta última el rey falleció en medio de la lucha contra Simón IV de Monfort.  Tras este trágico acontecimiento, el hijo de Pedro II y futuro rey Jaime I de Aragón fue secuestrado cuando apenas era un niño por Simón de Monfort. Un secuestro incrementado trágicamente por la personalidad sádica y sanguinaria del barón francés Simón y durante todo un año, el pequeño Jaime vivió como rehén de Simón.

Durante ese año, fue el citado templario Guillem de Montredon quien más se embaucó en el rescate del hijo del difunto rey Pedro. Guillem movió cielo y tierra y cuantos hilos encontró por el camino para recuperar el heredero al trono. De hecho, incluso utilizó sus contactos para llegar hasta el Papa Inocencio II para que obligase a Monfort a soltar al pequeño y entregarlo a los templarios.

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Educación de Jaime I

De este modo, el rey Jaime I fue reclamado por el Temple cuando solo tenía seis años y cuatro meses. Y en cumplimiento del testamento de su madre a partir de entonces fue educado por los templarios, quienes le protegieron en el castillo de Monzón hasta que cumplió los nueve. En ese momento un grupo de nobles catalanes y aragoneses pidió su salida de la fortificación. Así en 1220 Jaime I fue nombrado rey en la capilla de San Nicolás, viendo como toda la nobleza le juró lealtad.

La famosa leyenda

Pasados los años, los templarios fueron cercados por las tropas de Jaime II de Mallorca. A pesar de ello, estos no dejaban de realizar incursiones clandestinas por todo el valle introduciendo víveres en su castillo. Para ello utilizaban las distintas minas y pasadizos secretos del castillo.

Pero fue el 1308 cuando Jaime II decidió atacar los muros del castillo a fin de expulsar a los últimos templarios acusados de herejía, quienes por cierto, se habían hecho fuertes dentro de sus fortalezas. Pero no fue hasta mayo de 1309 cuando tras el prolongado cerco de Monzón los últimos templarios se rindieron.

Después de ello el castillo pasó a ser propiedad de los hospitalarios, quienes se volcaron en eliminar hasta los últimos símbolos de los templarios.

La leyenda del Castillo de Monzón gira en torno al último comendador del castillo: Fray Bartolomé de Belvis. Pues se cuenta que ciertas noches de primavera una figura blanca pasea por el castillo, se oyen gritos y golpes fuertes.

Y es que muchos aseguran que fue precisamente Fray Bartolomé quien tuvo que rendir y entregar la fortaleza tras ser suprimida la orden. Y es él quien con vestiduras blancas y rostro ensangrentado recorre las estancias del castillo evidenciando la enorme injusticia cometida contra el Temple, gritando y golpeando las paredes del castillo.

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El Castillo de Monzón en la Actualidad

El Castillo de Monzón se encuentra en sobre un cerro de laderas en la localidad de Monzón en la provincia de Huesca.

La entrada del castillo permanece flanqueada por dos edificios de tinte medieval: la Torre de Jaime I, en la que se alojó el pequeño rey durante su crianza; y la capilla de San Nicolás, en la que fue el mismo Jaime I fue nombrado rey, y que durante la época de los templarios también ejercía la función de torreón.

El castillo está formado por cinco edificios independientes, con planta irregular dispersa. Sus murallas fueron construidas durante la Guerra de la Independencia.

No obstante, en su parte superior todavía pueden apreciarse restos de las murallas templarias y diferentes edificaciones del castillo templarios. Algunas de las cuales son los dormitorios, el patio de armas, el templo, la torre del homenaje, la cual fue posteriormente restaurada o las caballerizas. El castillo también cuenta con numerosas dependencias románicas, interesantes galerías subterráneas y defensas artillerías.

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