Los tesoros que el pecio Bou Ferrer guarda en la costa de Villajoyosa

El yacimiento arqueológico subacuático Bou Ferrer es el pecio de un mercante romano de época altoimperial que naufragó a mediados del siglo I d.C. frente a las costas de Villajoyosa.

El pecio tiene una eslora de unos 30 metros y aproximadamente 230 toneladas de porte. Fue un gran velero de comercio que transportaba un cargamento principal de unas 2500 ánforas, del tipo Dr. 7-11, producidas en alfares como el de Villanueva de Puerto Real en Cádiz. Cada ánfora contenía unos cuarenta litros de una salsa de pescado, elaborada a base de boquerón, caballa y jurel.  Además, transportaba un cargamento secundario de lingotes de plomo con las marcas de propiedad del emperador.

Viajaba desde Gadir -la actual Cádiz- hasta Roma, en la segunda mitad del siglo I d. C., y se hundió frente a Villajoyosa, alejado de su ruta, probablemente por una avería o víctima de un temporal.

 

El lingote descubierto en 2015

En la campaña de 2015 se descubrió uno de esos lingotes de plomo que transportaba. El lingote lleva unas contramarcas en el metal, IMP(erator) GER(manicus) AVG(ustus), que indican su pertenencia personal al emperador de Roma, probablemente a Nerón, de acuerdo con las últimas investigaciones. Las minas de Sierra Morena, de las que procedía el cargamento de plomo del Bou Ferrer, eran también un monopolio del emperador.

Con 205 libras romanas (68 kilos), esta pieza es dos veces más pesada que los lingotes conocidos hasta ahora de la misma época, como los expuestos en la misma vitrina del museo, procedentes de la antigua ciudad de Carthago Nova, la actual Cartagena.

Los lingotes de plomo romanos también son muy preciados por los científicos que estudian la materia oscura y los neutrinos, ya que presentan una antigüedad y características ideales para los experimentos de física de partículas.

 

El pecio mejor conservado

En la actualidad, el pecio Bou Ferrer es el único gran mercante del periodo romano, en todo el Mediterráneo, que combina un inigualable estado de conservación, junto con una profundidad bajo el mar asequible a los arqueólogos subacuáticos. Estos dos factores motivaron desde el momento de su descubrimiento, por José Bou y Antoine Ferrer en el año 2001, que se emprendieran diversas acciones para su estudio y preservación.

Desde su descubrimiento para la ciencia, en el año 1999, se han realizado varias intervenciones arqueológicas financiadas por la Conselleria de Educación, Investigación, Cultura y Deporte de la Generalitat Valenciana. En el año 2014 fue declarado Bien de Interés Cultural y, en 2017, la UNESCO lo ha incluido en su Registro de Buenas Prácticas en Arqueología Subacuática.

Leave a Reply

dieciocho − diez =